Uno de cada ocho salteños arrastra una deuda impaga y la mora ya golpea al consumo
El dato surge de los reportes de comportamiento crediticio y expone un cambio de fondo: la financiación dejó de usarse para comprar bienes durables y pasó a cubrir gastos corrientes del mes.
Los relevamientos sobre comportamiento de pago vuelven a encender una luz amarilla en Salta: aproximadamente uno de cada ocho adultos con algún tipo de financiación registra atrasos en sus compromisos, un nivel que no se veía desde hace varios años.
El fenómeno no se explica solamente por las tasas. Los analistas locales apuntan a un cambio en el uso del crédito: la tarjeta y los préstamos personales dejaron de financiar electrodomésticos o refacciones para cubrir alimentos, medicamentos y servicios.
Cuando el ingreso no alcanza a cubrir el mes, el pago mínimo se vuelve la regla y el saldo empieza a crecer solo. Ese arrastre es el que hoy se refleja en las estadísticas de mora del sistema y también en la creciente demanda de refinanciaciones.
El impacto se traslada al comercio. Los rubros que dependen de cuotas largas son los primeros en sentir la retracción, y los comerciantes del centro salteño reconocen que las ventas se sostienen con promociones puntuales más que con demanda genuina.


